| 2005.02.14
- la cuenta atrás ha empezado
10 de febrero de 2005. hoy se ponen a la venta las entradas para el
concierto que u2 ofrecerá en el camp nou el próximo
siete de agosto.
a las 4’45 de la mañana me despierto habiendo descansado
muy poco, prácticamente sin pegar ojo. me pregunto si al final
del día estaré contento con las entradas en la mano
o estaré cabreado con las manos vacias. pensando lo primero
me visto, desayuno y preparo comida y bebida para llevar. busco ropa
que abrigue y hago un último chequeo a la mochila.
aproximadamente sobre las 5’15 entro en la autopista que me
llevará al centro de barcelona, más concretamente a
la fnac de el triangle, justo al lado de plaça catalunya, donde
se preveé que será uno de los puntos donde se venderán
más entradas (en teoría).
aparco el coche y me dirijo directo al tramo final de la cola. para
evitar la pillería de los listillos que se cuelan en las filas,
la organización reparte un número a cada uno. delante
del starbucks me toca el número 981, a las seis de la mañana
hay casi mil personas esperando… increíble!
mirando a mi alrededor observo tranquilidad en la gente, algunos están
durmiendo acurrucados en sus sacos de dormir, otros están sentados
en sillas tapados con mantas, algunos están de tertulia, otros
escuchando música o simplemente leyendo. saco el mp3 de la
mochila y “i will follow” empieza a sonar, un clásico
muy apropiado en estos momentos. seguro que tendré tiempo de
llegar hasta “how to dismantle an atomic bomb”.
el tiempo parece haberse detenido, los minutos van cayendo en cámara
lenta. dentro de tres horas abrirán las puertas, adelantando
en una hora el horario habitual de apertura de la tienda por lo que
me lo tomo con calma. envio algunos sms para informar de como va la
situación.
el reloj marca las nueve de la mañana y las puertas se abren,
la cola se compacta y avanzamos algunos metros. los ánimos
van en aumento, comienza el bullicio y la gente se va activando. el
sol no quiere perderse el acontecimiento y parece que nos brindará
un bonito día. la ciudad nos mira con incredulidad y tanto
transeúntes como conductores no salen de su asombro. la cola
sigue avanzando muy despacio y aparecen rumores diciendo que el sistema
se está colapsando (como sucedió en madrid) pero nadie
dice nada, las caras pagan.
el móvil no para de sonar, familiares y amigos me preguntan
como va todo y si ya he conseguido comprar las entradas, les digo
que la cosa para largo. los primeros medios de comunicación
se dejan ver, radios, televisiones y fotógrafos inmortalizan
el momento. un fotógrafo lleva a sus espaldas una escalera
de dos metros, se para justo delante de nosotros, planta la escalera,
se sube en ella y empieza a sacar fotografías desde las alturas.
llegan las doce del mediodía, dejamos atrás la calle
pelayo y encaramos la calle bergara, nos quedan unos ciento cincuenta
metros hasta llegar a la puerta. el cansancio empieza a aparecer,
me siento y como algo para coger fuerzas de cara al tramo final. si
antes, la fila iba lenta, ahora lo va aún más. avanzamos
diez metros y a continuación estamos parados entre quince o
veinte minutos, así todo el tiempo… para desesperarse.
sobre las dos de la tarde llegan más rumores, las localidades
de pie y de tribuna se han agotado. solo están disponibles
entradas de primera, segunda y tercera gradería, justamente
las que no queremos. lo comento con o. por teléfono, el está
intentando comprarlas por internet pero está colapsado.
son las cuatro menos cuarto de la tarde y he llegado al principio
de la cola. cantan mi número, lo entrego y entro en el establecimiento.
al entrar, el pasillo que lleva al mostrador está repleto de
curiosos a ambos lados mirando las caras de los que van entrando,
esto es todo un espectáculo. en el mostrador el ritmo es frenético,
me atienden al momento. digo a la señorita que quiero seis
entradas de pie y ella me dice que de acuerdo… la rumorología
falló para la alegría y felicidad de los seis. los pases
son al fin mios, objetivo cumplido. seguidamente me despido de los
compañeros de cola y llamo a o. para informarle de todo lo
sucedido.
las cuatro de la tarde, han sido 10 horas de espera inolvidables,
con anécdotas, momentos buenos, momentos no tan buenos, en
definitiva, una experiencia de vértigo.
la cuenta atrás para el día siete de agosto no podía
empezar mejor.
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